Entre el orgullo y el trabajo
Hay trabajos que no aparecen en las películas que nos prometieron de niños. Nadie imagina su futuro detrás de un mostrador mientras estudia durante años para convertirse en “alguien”. Porque antes de aprender a trabajar, aprendemos algo más peligroso: aprendemos a asociar la dignidad con el prestigio. Crecí creyendo en esa arquitectura invisible. El título, el reconocimiento, la aprobación de la familia, las expectativas bien vestidas de la gente que pregunta “¿y tú a qué te dedicas?” como si intentaran adivinar cuánto vales. Estudié durante años. Muchos. Y cuando terminé, descubrí algo brutalmente simple: el mundo no siempre tiene un sitio esperándote solo porque te esforzaste. Los currículums se acumulaban. Las respuestas nunca llegaban. Los amigos que parecían tan cercanos no se giraron siquiera para acercarme a una entrevista. La independencia, mientras tanto, seguía costando dinero. Así terminé aceptando un trabajo de atención al cliente. Recuerdo el primer día como se recuerd...